Preguntas frecuentes
Lo que necesitas saber sobre manga gástrica
Tenía 25 años, pesaba 230 libras… y había un miedo que no me dejaba dormir: que la piel me quedara colgando después de bajar de peso.
Los famosos “brazos de murciélago”. Las fotos que veía en internet. Todo eso me frenaba.
En solo tres años había subido 60 libras. Y aunque sabía que necesitaba operarme, tenía terror de lo que vería en el espejo después.
Pero llegó un punto en el que no podía más. No era solo mi cuerpo… era todo lo que venía con él.
Me agitaba con nada. Me costaba moverme. Evitaba caminar, ir a la playa, usar ropa que me gustaba.
Sentía que vivía atrapada en un cuerpo que no era mío. Sentía frustración y vergüenza. Y lo peor era esa tristeza silenciosa que te acompaña en todo el tiempo.
Yo había intentado de todo: dietas, ejercicios, inyecciones, pastillas. Y siempre pasaba lo mismo: bajaba… y volvía a subir.
Desde niño sentí que la medicina era mi propósito, aunque en mi familia no hubiera médicos.
Me formé en Argentina, en la Universidad Favaloro —fundada por René Favaloro, creador del bypass coronario— y esa etapa marcó mi camino.
Llegar a Estados Unidos no fue fácil. Vine con lo justo, sin contactos, pero con determinación.
Me entrené en cirugía en Mount Sinai, Nueva York, y después trabajé en Nueva Orleans durante el huracán Katrina, donde entendí que la medicina también es humanidad y adaptación.
Con los años me especialicé en cirugía bariátrica y mínimamente invasiva. Hoy acompaño a personas que sienten que ya lo intentaron todo… y que solo necesitan una oportunidad real para recuperar su vida.
Luciano Fiszer
Porque esta cirugía no me quitó nada
Al contrario. Me devolvió fuerza, energía, autoestima. Me devolvió mi vida.
Y si estás leyendo esto y también tenés miedo a la piel después de bajar de peso… quiero que sepas algo desde mi experiencia:
Sí se puede mejorar. Y sí vale la pena.
No dejes que ese miedo te paralice. Usalo como motor. Ese… fue mi punto de partida.
El resultado que nunca creí posible
A los pocos meses, ya no era la misma. Había bajado más de 80 libras.
Mi cuerpo cambió. Mi cara cambió. Mi energía cambió. Pero lo más impresionante fue lo otro: la piel no me quedó colgando como temía. El ejercicio, la constancia y la guía correcta hicieron lo suyo.
Hoy me veo al espejo y me reconozco. Ya no me escondo. Ya no me da miedo comprar ropa, sacarme fotos o hacer planes.
Y sobre todo… sé que estoy construyendo un cuerpo fuerte para toda la vida. No quiero llegar a vieja con dolores en todo el cuerpo, ni depender de nadie. Y estoy haciendo algo para evitarlo.
El día que decidí elegir mi futuro
Me hice una manga gástrica. Y desde ese momento, empecé a trabajar por mí.
No fue tan difícil como imaginaba. Lo que más necesitaba no era fuerza… sino continuidad.
Empecé a caminar todos los días. Después a entrenar un poco más. Y a comer distinto, sin castigo, sin culpa. Por primera vez… desde el amor propio.
Manga gástrica:
resultados reales, cirugía precisa
La historia de Diana demuestra que la manga gástrica, especialmente con tecnología robótica, puede marcar un antes y un después.No es magia. Es ciencia, acompañamiento, y la decisión de vivir en armonía con tu cuerpo.





