Preguntas frecuentes
Lo que necesitas saber sobre manga gástrica
Desde niño sentí que la medicina era mi propósito, aunque en mi familia no hubiera médicos.
Me formé en Argentina, en la Universidad Favaloro —fundada por René Favaloro, creador del bypass coronario— y esa etapa marcó mi camino.
Llegar a Estados Unidos no fue fácil. Vine con lo justo, sin contactos, pero con determinación.
Me entrené en cirugía en Mount Sinai, Nueva York, y después trabajé en Nueva Orleans durante el huracán Katrina, donde entendí que la medicina también es humanidad y adaptación.
Con los años me especialicé en cirugía bariátrica y mínimamente invasiva. Hoy acompaño a personas que sienten que ya lo intentaron todo… y que solo necesitan una oportunidad real para recuperar su vida.
Bajé 70 libras en 6 meses. Volví a moverme con libertad. A vestirme sin esconderme. Y algo más importante: dejé de pelear con la comida. Por primera vez en años, no vivía con culpa cada vez que comía. No vivía haciendo cuentas, ni castigándome. Sentía ligereza en el cuerpo… y en la cabeza.
Esa Betty que enfermó, que vivía en guerra con su cuerpo y con la comida… ya quedó atrás.
Hoy camino con ligereza no solo en el cuerpo, también en la cabezaY logré el sueño más grande de mi vida: ser mamá de dos niños, sin que el sobrepeso vuelva a escribir mi historia.
Cuando por fin le gané la batalla al cáncer, pensé que lo peor ya había pasado.
Pero los medicamentos que me estaban salvando la vida me empujaron por encima de las 200 libras.
Y con mi cuerpo tan debilitado, ese sobrepeso no solo me agotaba…
ponía en riesgo mi recuperación.
La verdad, yo no podía darme el lujo de esperar.Y sin pensarlo mucho, tomé el teléfono y pedí una cita al Dr. Luciano.Porque sabía que si no hacía algo pronto, lo iba a lamentar.
Mi historia empieza mucho antes
Desde niña estuve rodeada de bailarinas.
Yo estudiaba teatro en una escuela de arte en Cuba,
y las veía moverse como si el cuerpo no pesara nada.
A los 15, ya les preguntaba por dietas.
Por cualquier cosa que me ayudara a verme como ellas.
A los 16, esa presión silenciosa se convirtió en un desorden alimenticio.
Pasaba de no comer casi nada a atracones que me dejaban con culpa y dolor.
La comida era mi refugio… pero también mi castigo.
Por fuera parecía que todo estaba bien.Pero por dentro, yo estaba perdida.Con el tiempo, la ansiedad se me fue de las manos.




